FORMACIÓN

Si queremos conocer, un poco más, nuestra Fe, saber de la Iglesia, nuestras oraciones y los documentos que, a lo largo de la Historia han sido escritos para luz de los cristianos como Magisterio de aquélla, en este pequeño rincón es posible que encontremos algo de ayuda.

Se irá construyendo poco a poco.

Este espacio está abierto a la participación de todos: a las preguntas, a las aportaciones, a las sugerencias, a las críticas y a las dudas. Entre todos enriqueceremos  esta humilde experiencia

El operador de contenidos.

LAORACION

 

 

"La Oración es la elevación del alma a Dios o la petición a Dios de bienes convenientes." S.Juan Damasceno.

"El hombre es un mendigo de Dios." S.Agustín

"La Oración cristiana es una relación de Alianza entre Dios y el hombre en Cristo." C.I.C. (Catecismo de la Iglesia Católica) 2564.

El rosario es escuela de contemplación y de silencio. A primera vista podría parecer una oración que acumula palabras, y por tanto difícilmente conciliable con el silencio que se recomienda oportunamente para la meditación y la contemplación. En realidad, esta cadenciosa repetición del avemaría no turba el silencio interior, sino que lo requiere y lo alimenta. De forma análoga a lo que sucede con los Salmos cuando se reza la liturgia de las Horas, el silencio aflora a través de las palabras y las frases, no como un vacío, sino como una presencia de sentido último que trasciende las palabras mismas y juntamente con ellas habla al corazón.

Rezo del Santo Rosario en el Pontificio Santuario de Pompeya: meditación del Santo Padre (19 de octubre de 2008) Benedicto XVI

LAPALABRA      

       

En la condescendencia de su bondad, Dios, para revelarse a los hombres, les habla en palabras humanas: "La palabra de Dios, expesada en lenguas humanas, se hace semejante al lenguaje humano, como la Palabra del eterno Padre asumiendo nuestra débil condición humana, se hizo semejante a los hombres". (Dei Verbum, 13) (Catecismo de la Iglesia Católica, 101)

          A través de todas las palabras de la Sagrada Escritura, Dios dice sólo una palabra, su Verbo único, en quien él se dice en plenitud. (Hb. 1, 1-3) (C.I.C. 102)

          Dios es el autor de la Sagrada Escritura. "Las verdades reveladas por Dios, que se contienen y manifiestan en la Sagrada Escritura, se consignaron por inspiración del Espíritu Santo". "La santa madre Iglesia, fiel a la fe de los apóstoles, reconoce que todos los libros del Antiguo y del Nuevo Testamento, con todas sus partes, son sagrados y canónicos, en cuanto que, escritos por inspiración del Espíritu Santo, tiene a Dios como autor, y como tales han sido confiados a la Iglesia". (Dei Verbum, 11) (C.I.C. 105)

          El Antiguo Testamento es una parte de la Sagrada Escritura de la que no se puede prescindir. Sus libros son divinamente inspirados y conservan un valor permanente (Dei Verbum, 14), porque la Antigua Alianza no ha sido revocada. (Catecismo de la Iglesia Católica 121).

          Los cristianos veneran el Antiguo Testamento como verdadera Palabra de Dios. La Iglesia ha rechazado siempre vigorosamente la idea de prescindir del Antigo Testamento so pretexto de que el Nuevo lo habría hecho caduco (marcionismo). (C.I.C. 123)

          La Iglesia, ya en los tiempos apostólicos (Cf 1 Co. 10, 6. 11; Hb. 10, 1; 1 P 3, 21), y después constantemente en su tradición, esclareció la unidad del plan divino en los dos Testamentos gracias a la tipología. Esta reconoce, en las obras de Dios en la Antigua Alianza, prefiguraciones de lo que  Dios realizó en la plenitud de los tiempos en la persona de su Hijo encarnado. (C.I.C. 128)

          "La Palabra de Dios, que es fuerza de Dios para la salvación del que cree, se encuentra y despliega su fuerza de modo privilegiado en el Nuevo Testamento". (Dei Verbum 17) Estos escritos nos ofrecen la verdad definitiva de la Revelación divina. Su objeto central es Jesucristo, el Hijo de Dios encarnado, sus obras, sus enseñanzas, su pasión y su glorificación, así como los comienzos de su Iglesia bajo la acción del Espíritu Santo. (Dei Verbum 20) (Catecismo de la Iglesia Católica 124).

          Los Evangelios son el corazón de todas las Escrituras "por ser el testimonio principal de la vida y doctrina de la Palabra hecha carne, nuestro Salvador". (Dei Verbum 18). (C.I.C. 125).

Toda celebración sacramental es un encuentro de los hijos de Dios con su Padre, en Cristo y en el Espíritu Santo, y este encuentro se expresa como un diálogo a través de acciones y de palabras. Ciertamente, las acciones simbólicas son ya un lenguaje, pero es preciso que la Palabra de Dios y la respuesta de fe acompañen y vivifiquen estas acciones, a fin de que la semilla del Reino dé su fruto en la tierra buena. Las acciones litúrgicas significan lo que expresa la Palabra de Dios: a la vez la iniciativa gratuita de Dios y la respuesta de fe de su pueblo.

          La liturgia de la Palabra es parte integrante de las celebraciones sacramentales. Para nutrir la fe de los fieles, los signos de la Palabra de Dios deben ser puestos de relieve: el libro de la Palabra (leccionario o evangeliario), su veneración (procesión, incienso, luz), el lugar de su anuncio (ambón), su lectura audible e inteligible, la homilía del ministro, la cual prolonga su proclamación, y las respuestas de la asamblea (aclamaciones, salmos de meditación, letanías, confesión de fe...): (Catecismo de la Iglesia Católica 1153-1154).

DOCUMENTOS



 Después de la Palabra de Dios y la Oración, la Iglesia, a lo largo de los siglos, ha ido atesorando documentos de muy diversa índole y procedencia. Asimismo, en la actualidad, sigue facilitando a los fieles y al mundo sus enseñanzas y propuestas a través de nuevos documentos. En los siguientes apartados vamos a recopilar accesos a algunos de los documentos más importantes. Si hay alguno que no encuentras, intentaremos buscarlo y traerlo a tu alcance y al de todos. Puedes hacérnoslo saber por medio de un comentario o por correo electrónico.

                ENCICLOPEDIACATOLICA





 

 

 
 

Parroquia San José

 Rm 10, 9-18

9Porque, si profesas con tus labios que Jesús es Señor, y crees con tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvo. 10Pues con el corazón se cree para alcanzar la justicia, y con los labios se profesa para alcanzar la salvación. 11Pues dice la Escritura: Nadie que crea en él quedará confundido. 12En efecto, no hay distinción entre judío y griego, porque uno mismo es el Señor de todos, generoso con todos los que lo invocan, 13pues todo el que invoque el nombre del Señor será salvo. 14Ahora bien, ¿cómo invocarán a aquel en quien no han creído?; ¿cómo creerán en aquel de quien no han oído hablar?; ¿cómo oirán hablar de él sin nadie que anuncie? 15y ¿cómo anunciarán si no los envían? Según está escrito: ¡Qué hermosos los pies de los que anuncian la Buena Noticia del bien! 16Pero no todos han prestado oídos al Evangelio. Pues Isaías afirma: Señor, ¿quién ha creído nuestro mensaje? 17Así, pues, la fe nace del mensaje que se escucha, y la escucha viene a través de la palabra de Cristo. 18Pero digo yo: ¿Es que no lo han oído? Todo lo contrario: A toda la tierra alcanza su pregón, y hasta los confines del orbe sus palabras.

 

EL HOMBRE ES UN MENDIGO DE DIOS (S. Agustín)

Podemos caminar cuanto queramos, podemos edificar muchas cosas, pero si no confesamos a Jesucristo, algo no funciona. Acabaremos siendo una ONG asistencial, pero no la Iglesia, Esposa del Señor.

SANTA MISA CON LOS CARDENALES HOMILÍA DEL SANTO PADRE FRANCISCO Capilla Sixtina Jueves 14 de marzo de 2013